Nuestro Rol como Discipuladores

Como discipuladores, nuestra responsabilidad es consolidar a cada miembro de la iglesia para que descubra, desarrolle y ejerza sus dones y llamado en todas las áreas de su vida: en el trabajo, la familia, y la comunidad. Este proceso no se limita a eventos ni programas, sino que es un compromiso constante de obedecer el mandato de Dios, consolidando, orando, dando, sirviendo, y guiando a otros a hacer lo mismo.

Es vital que como líderes los apoyemos en el descubrimiento de sus dones espirituales y su pasión por el ministerio, ayudándolos a entender que cada don debe ser administrado para el beneficio de la iglesia y la expansión del Reino de Dios.

“Ponga cada uno al servicio de los demás el don que haya recibido, y sea un buen administrador de la gracia de Dios en sus diferentes manifestaciones.”
1 Pedro 4:10 (RVC)

Enseñando Verdades Fundamentales

Una Definición Correcta de la Misión
La misión de Dios no se limita a viajes o eventos puntuales. Hoy en día, existe una definición errada que reduce “misión” a actividades ocasionales como campañas o conferencias. Sin embargo, la misión de Dios es continua, cotidiana, e involucra cada aspecto de nuestras vidas. Nuestro trabajo como discipuladores es enseñar esta verdad a cada creyente, ayudándoles a entender que todos son llamados a ser parte activa de la misión de Dios cada día.

Consolidación, No Solo Inspiración
La inspiración es valiosa, pero no suficiente. Muchas iglesias organizan eventos anuales que emocionan momentáneamente a los miembros sobre las misiones, pero no se traduce en una acción concreta. La consolidación es clave: debemos transformar la emoción en compromiso activo, asegurando que cada miembro entienda que su rol en la misión de Dios no tiene limitaciones y aplica en todas las áreas de la vida.

La Consolidación es Para Toda la Iglesia

Consolidar a la iglesia en la misión de Dios significa:

  • Guiar a los miembros para que comprendan que servirle a Dios no tiene límites de lugar, tiempo o profesión.
  • Establecer una cultura de servicio continuo, donde cada creyente viva la misión de Dios como un estilo de vida.
  • Fortalecer a los líderes para que sean ejemplos en el discipulado y consoliden a otros en su propósito.

"La misión de Dios es para todos y para todos los días. Consolida, guía y moviliza a tu iglesia para que viva este llamado eterno."

No es suficiente hablar de la misión de Dios; debemos demostrarla con nuestras acciones y nuestro liderazgo. Como iglesia, estamos llamados a ser un movimiento vivo que expanda el Reino de Dios con amor, obediencia y acción.